El gran poder de las ondas

Reseña del libro de Carme Jiménez Huerta:

«Estamos hechos de lenguaje», 

Autoedición en Amazon KPD. Barcelona, 2019. 

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Por BV

Buscando información que aclare el enigma que encierra la forma de hablar y la conexión con el pensamiento paleolítico que tenía Félix Rodríguez de la Fuente, así como el impacto social que causó  en la sociedad española, tras digerir multitud de escritos que abordan una gran variedad de temas que están muy relacionados con esas pesquisas, encontré el libro Estamos hechos de lenguaje de Carme Jiménez Huerta.  

Sus indagaciones, con las que alertar de la manipulación con el lenguaje, son un precioso trabajo para analizar el fenómeno mediático y sociológico que fue la obra del gran pionero de la divulgación de la naturaleza. 

Carme profundiza en cuestiones de máximo interés para explicar el fenómeno Félix Rodríguez de la Fuente (FRF), en las que centraré esta reseña. Temas pendientes de estudiar para tratar de averiguar y analizar su técnica de comunicar e irradiar su mensaje. 

Es casi inquietante ver como, capítulo tras capítulo, el ensayo Estamos hechos de lenguaje va fundamentando lo que, tras un profundo análisis de la obra y el personaje Félix Rodríguez de la Fuente, el autor de esta reseña fue escribiendo en la novela Magdalenia para intentar explicar qué se esconde tras las capacidades de oratoria y de atracción social que ejerció FRF, sin tener noticia previa del trabajo de Carme Jiménez Huerta.

Nuestra apreciada lingüista procesa y condensa en su libro la lectura de obras de diversos autores que, sumados y ensamblados, nos ponen tras las pistas aclaratorias de las facultades de Rodríguez de la Fuente, al punto de que es como si el ilustre y añorado comunicador fuera un caso práctico del cuerpo teórico que ensambla Carme explorando conocimientos de lingüística, acústica, paleontología, música, neurociencia, física cuántica, biología, y otras materias.

Salvo pequeños fallos, en la biografía que publiqué en el año 2010 de Félix Rodríguez de la Fuente, se puede decir que identifiqué lo sobresaliente de este gran personaje. Es en el epílogo donde se puede detectar lo que no entendí entonces. En lo que es la biografía, como periodista entrenado durante años en el diario El País para recoger declaraciones ajenas, supe detectar acertadamente el discurso de FRF. Pero solo tras conocer en 2011 a los bosquimanos hadzabe de Tanzania, entendí en toda su magnitud lo que había transcrito de los audios de FRF unos años antes. Fue como encontrar la piedra Rosetta. 

Me puse inmediatamente a re–escribír el libro sobre FRF y en 2018 saqué una nueva versión, La Estirpe de los Libres, en el que plasmaba un mea culpa por no haber entendido lo que FRF nos decía, al punto de añadir al final de la primera edición de su biografía un epílogo contradiciéndole, al hacer un cántico a los ganaderos de extensivo más primigenios, confiando en ellos el futuro de la vida salvaje «a poco que se les reconociera y primara adecuadamente», decía este incauto, ignorando que son parte del problema, no de la solución, y que ésta pasa por un cambio radical de toda la especie humana neolitizada, cuyo salto evolutivo reclama en sus libros con insistencia que hagamos el paleontólogo de Atapuerca, Eudald Carbonell, si queremos continuar existiendo como civilización.

También decía en esa nueva edición de 2018 que el tomo La Estirpe de los Libres era un avance de mis pesquisas y preguntas, en la esperanza de abrir un debate y de recibir información que completara la mía. No contestó casi nadie y seguí buscando datos sobre esa divisoria que hay entre lo libre y lo domesticado, cambio de 180 grados, el que supuso pasar de nómadas recolectoras/es cazadoras/es a pastores, aislados del entorno por el amo de la boma o la majada, y, por otro lado, tratando de averiguar de dónde había sacado FRF esa información. Igualmente, dediqué mucho tiempo a indagar el secreto que esconde su voz y su capacidad para cambiar la mentalidad de millones de personas.

Meditando lo que Rodríguez de la Fuente dejó grabado en los 350 capítulos de su programa La Aventura de la Vida en Radio Nacional de España y estudiando la arquitectura de su mensaje, tono, frecuencia de su voz, di con la necesidad de explorar y profundizar lo que Carme Jiménez Huerta cuenta en su libro, conseguido en su caso en diez años de intensas lecturas y asimilación de una extensa bibliografía, de la que tuvo el detalle de seleccionar y colocar al final de su libro las obras más destacadas e importantes para facilitar así el camino a quienes quieran seguir sus pasos.

Como la serie de ensayos que publiqué entre 2019 y 2024 para desarrollar lo que adelantaba en La Estirpe de los Libres, obligaban a investigar más allá de mis capacidades y tiempo disponible, decidí cambiar el formato narrativo y contar lo que se, y lo que quisiera saber, las interrogantes que suscita este tema, en un relato de ficción, que permite decir lo que se quiera, sin más, publicando un relato que novela la vida y el entorno de FRF, a la que titulé Magdalenia

Son muchas las cosas del libro Estamos hechos de lenguaje las que salen a relucir en el primer tomo de la novela histórica y biográfica, Magdalenia, dedicada a esa conexión mental con el Paleolítico, las capacidades oratorias y la movilización de la opinión pública que conformaron el fenómeno sociológico que supuso FRF.

«El lenguaje», dice Carme Jiménez Huerta, «es una capacidad innata de los humanos: nacemos genéticamente preparados para hablar. No obstante, su origen no puede entenderse sólo como un proceso biológico evolutivo. La complejidad y perfección de las lenguas, los diferentes niveles de significado (pragmático, semántico y filosófico), su relación con los procesos emocionales y cognitivos, lo han convertido en una herramienta utilizada tanto por terapeutas y publicistas como desde las élites para el control del poder». 

«¿Qué hay detrás de la capacidad de hablar? ¿Qué sucede a nivel neurológico y qué procesos operan que van mucho más allá de los estudios gramaticales? ¿Qué es el lenguaje de la post–verdad y cómo se utiliza para la manipulación social?», son las cuestiones que aborda el libro “Estamos hechos de lenguaje”

Pone el acento Carme en la utilización perversa del lenguaje para manipular. Pero elevado a su quintaesencia, dominado el lenguaje en estado puro, el caso singular y extraordinario de FRF es, afortunadamente, para todo lo contrario. Su mensaje hace el bien, hace ver la importancia de volver a ser humanos. La autora reclama «cambios significativos para la comprensión y el acercamiento al lenguaje como un camino hacia la libertad, la salud y la conciencia. Esta reflexión entronca con lo que fue la aplicación que FRF hizo de sus facultades de oratoria. 

El gran secreto de FRF fue no escribir. Los alrededor de mil programas de media hora (equivalente a unos 8.000 folios) que Félix grabó para locutar sus documentales en Televisión Española y en Radio Nacional de España, los grabó directamente ¡sin haber escrito nunca una sola línea!

FRF no redactaba los guiones, ni necesitaba que se los hicieran. Ni siquiera tecleó los textos que salieron en sus libros. Artículos, reportajes, cartas, por supuesto sus conferencias, todo lo dictaba o lo grabada en directo de un solo golpe. Lo generaba de viva voz. Su obra es un discurso oral no escrito previamente, improvisado en su memoria. En ese sentido, y en muchos otros, conecta con la cultura verbal del Paleolítico que él reclamaba. Se había iniciado en el don de la palabra, al igual que lo dominaban los chamanes de los pueblos primitivos, que llevaban los datos, la ingente información de la cultura de la humanidad, en la cabeza.  

«Cuando la dirección de esta casa» ––dijo refiriéndose a Radio Nacional de España–– «me hizo el honor y depositó en mí la confianza de que pudiera llevar un programa semanal de una hora de duración, un tiempo importante, yo les prometí, y en cierto modo les alerté, y también me alerté a mí mismo de un hecho que afortunadamente he podido capear: no traer nunca cuartilla, guión, ni muleta, ni andamio, ni capote alguno. Estar delante de vosotros a cuerpo limpio, ir creando aquí, en esta mesa, que podríamos llamar ‘de redacción oratoria’, las cosas que poco a poco les voy contando. Si no fuera así, yo no estaría en la radio, porque creo, sinceramente, que cuando me estoy dirigiendo a ustedes y a vosotros en una íntima, espontánea, absoluta creación, sin haber preconcebido una sola idea, es realmente cuando ustedes me hacen un gran bien, ya que me estimulan y me obligan a extrovertirme, a pensar en voz alta». 

Su precisión en el lenguaje y en la construcción de los relatos orales era absoluta y apenas precisaba correcciones. Las historias que narraba bullían en su cabeza y en su memoria asociativa prodigiosa, que aportaba el dato exacto y la palabra precisa en el momento adecuado. Improvisaba sobre la marcha los temas. Todo él era verbo. Su forma de hablar, su voz, aquella entonación tan peculiar, el énfasis, la modulación, la cadencia, la precisión, la riqueza, el vocabulario, la estructura de la narración, la emoción, el desenlace, la vena poética, la oratoria encendida. Era la palabra en estado puro. Narrando construía su pensamiento. Encadenaba ideas, pulía opiniones, sacaba conclusiones. Consciente de que su discurso polarizaba al público.

En los programas de radio FRF hilvana su mensaje más trascendente y dejó dicho: «No siendo en la radio, no siendo en este estudio, ciertamente, confortable, yo, al menos, no soy capaz de concentrarme profundamente, absolutamente, durante 45 minutos para contar, nada menos que, a miles, quizá millones de oyentes, las cosas que se me van ocurriendo». 

FRF ponía énfasis en la concentración. Para él era la clave de todo. «La atención es una capacidad de nuestra mente prodigiosa, que puede permanecer en una alerta de baja intensidad o, de pronto, en una gran alerta concentrada. Esto es lo que pretenden todas las fuerzas que llegan hasta la mente tratando de llamar su atención. Que es que, de pronto, la gran máquina, el cerebro, la mente, las potencias del espíritu, se concentren en un tema».

En el estudio de su voz, emitida siempre sin leer, ni haber siquiera escrito y memorizado el guion previamente, puede que se esconda y se encuentre explicación a la capacidad de atracción que tuvo su obra audiovisual.

En uno de sus programas de radio dejó una reflexión al respecto, grabada con su voz como no podía ser de otra manera: 

«Gimnasia tremenda de memoria, la que el hombre debe hacer, si vive inmerso en la cultura de la palabra, que es absoluta y radicalmente distinta a la cultura de la escritura, a la cultura de la letra impresa. Yo creo que, algún día, alguien, tendrá que hacer un estudio, tendrá que meter el bisturí con valentía, en ese tremendo Rubicón que se estableció cuando el hombre dejó de ser una criatura ágrafa, es decir, sin escritura, para transformarse en una criatura de libro. […] En esas entidades parciales del bendito analfabetismo –y he dicho bendito, que en alguna circunstancia tiene mucho de loable– si el bombardeo de la escritura es tan tremendamente atroz, deformante y como un aluvión de distracciones que vienen de todas partes, es posible que aquellos hombres que no podían retener en la memoria más que un número determinado de conceptos pudieran por lo menos tener una vida más cómoda y más lineal. […] Así que nosotros a nuestra cultura de la palabra, aquello del hablar y el escuchar, que al menos tiene la ventaja de que no hay que hacer un ejercicio de transformación en ideas de las letras impresas en los libros». (1)

En el tema de la escritura es donde la visión de Carme Jiménez Huerta difiere de lo que sería el secreto del éxito comunicativo de Félix. «La articulatoria (tono, timbre, volumen) no queda reflejada en la escritura, a pesar de que las palabras a menudo se queden cortas para expresar todo un sentir o toda una idea, la intención original no se pierde, queda inscrita e incorporada al texto. Hay una cantidad enorme de información que acompaña a la emisión del mensaje escrito y que pone en marcha el detonante de un software multidimensional. La escritura es la plasmación mágica y simbólica en dos dimensiones de una realidad que se mueve entre el mundo de lo perceptible y lo imperceptible». 

«Si hablar tiene poder, al escribir las palabras, lo amplificamos. ¿Por qué? Al expresar oralmente una idea o intención mediante la voz (área situadas en el hemisferio cerebral izquierdo), se emite una onda (vibración) una sola vez. Pero si escribimos la intención, queda plasmada, lo que equivale a emitir una onda de modo constante (frecuencia) en la que además actúa la vista. (áreas situadas en el hemisferio cerebral derecho). 

«Las letras crean algoritmos de pensamientos que sirven para pasar de vibración (onda) frecuencia (onda repetida por unidad de tiempo), activando a nivel inconsciente ambos hemisferios cerebrales».

Sin poner en duda esa faceta de la escritura que nos descubre Carme en su libro, lo cierto es que el mensaje leído que impera en todas las emisiones de radio, de televisión, de internet, en todas partes, se lee lo que se aparenta estar diciendo sin leer, sea al locutar documentales, reportajes, noticiarios, discursos de fin de año, películas, todo, absolutamente todo, es leído aunque se haga intentando que no se note. 

La única persona, que yo sepa, que no tenía guiones para grabar, ni en sus relatos más largos y complejos, es FRF, y es en ese detalle donde radica la diferencia y el calado de la forma de transmitir que tiene su obra respecto a la de cualquier otro locutor o presentador audiovisual. Es más, una vez se estudia su técnica de locución, sin escritura de por medio, se hace insufrible escuchar un mensaje leído.

El impacto de la palabra hablada

«En cierto modo», dice Carme Jiménez Huerta, «se da la paradoja de que con el avance de la escritura se produce una evolución, se da marcha atrás. Las ventajas aparentes en técnica, velocidad y eficacia comunicativa, no comportan una mejor comunicación, sino desconexión, incomprensión y aislamiento. Cuando la tecnología nos hace olvidar el impulso original que aúna los cuatro niveles (información, sonido, frecuencia e intención), perdemos la comunión con el concepto simbólico, pleno. Quizá por eso nuestros antepasados pintaron Altamira. Ellos lo sabían». 

La producción intelectual a través de la escritura, para luego leerla, desactiva la característica clave del fenómeno comunicativo de FRF, lo que choca con el interesante valor que Carme da a la escritura, y, aunque actúe como ella lo describe, en las sociedades que han desbaratado el sistema de comunicación universal anterior a la domesticación, puede ser que el invento de la escritura no supla la potencia del mensaje hablado, posiblemente rebotando la voz que lo emite sobre imágenes de pinturas rupestres, facultad pérdida al instaurarse la domesticación con la que se nos apartó de una vida libre dedicada al crecimiento personal, la investigación, el arte y la comunicación a niveles que no podemos ni imaginar. (2)

Darwin sintió rechazo al ver a los hombres salvajes, no a los tres que iban en el Beagle, que conoció aseados por FitzRoy, sino a los que encontró cuando llegó a la Patagonia y luego a la Pampa argentina. 

En su relato tacha a los fueguinos de sucios e indolentes y piensa no capaces de proferir más que gruñidos. No podía imaginar que medio siglo más tarde su compatriota, el misionero anglicano Thomas Bridge, haría el diccionario de la lengua de una de esas etnias nativas que observó desde la proa del Beagle, los yámana, descubriendo que su vocabulario llegaba a 32.000 palabras. Pocos tienen hoy la capacidad de usar ni la tercera parte del vocabulario que usaban los fueguinos extinguidos por los colonos europeos que arribaron a Patagonia. 

Como reflexiono en la novela Magdalenia, «Si las etnias que llegaron a nuestros días, por vivir en sitios inhóspitos, como desiertos, selvas o zonas heladas, alcanzaron ese nivel, ¿a dónde no llegaron los humanos que hace más de 10.000 años habitaban las zonas más favorables de Europa, como lo era España?».

«Etnias paleolíticas de hace un siglo, en zonas pobres, cuya expresión artística ni de lejos alcanzó el nivel de la cueva de Altamira, utilizaban 32.000 palabras. ¿Qué vocabulario no manejarían entonces los magdalenienses que disfrutaron el refugio climático europeo que eran la Península ibérica y el sur de Francia en el Paleolítico? Los que pintaron en España esas maravillas, a todas luces indicadoras de un alto nivel cultural, podrían tener un lenguaje y un desarrollo intelectual que no nos cabe ni imaginar». 

El Cuento de Lobos, que FRF grabó en 1976 en Radio Nacional de España, seis horas de relato oral nunca escrito, contiene una escena cumbre en la que la protagonista ve en una cueva una pintura rupestre que representa el pacto de la alianza entre los magdalenienses y el lobo (relación que acabaría tan mal para el cánido salvaje, al suplantar los neolíticos a los paleolíticos españoles y al lobo aliado convertirle en perro esclavo). Dice así FRF en el Cuento de Lobos

«Un rayo de luz daba de lleno sobre la pintura rupestre donde el hombre cuaternario había estampado su pacto con el hermano lobo»

«Suena la palabra en el eco de la caverna con músicas ancestrales. Suena la palabra sobre el fresco donde está rutilante aún el lobo tomando la comida de la mano del hombre como un milagro». (3)

La más poderosa aclaración, de lo que quiere decir FRF con esa enigmática frase de «suena la palabra sobre las pinturas rupestres», es leer la cita de más abajo y luego oírla, grabada sin leer, y sin ni siquiera haber sido escrito, en la voz de FRF. Para ello, pulsa el icono de más abajo tras primero leer este texto con tu voz interior, (o que te la lea en voz alta alguien que tengas al lado) para que compares uno y otro resultado, incluso a pesar de que no haya reverberado con la frecuencia de un punto determinado de la pared de una cueva, seleccionada por su especial acústica para marcarla con una pintura rupestre, que aumentaría tanto el impacto del sonido rebotado como el parietal del cerebro que procesa la vista:

«Pinturas de la caverna donde había bisontes, donde había ciervos, caballos salvajes, jabalíes, mezclados, superpuestos, como las estrellas de una constelación, como las constelaciones de una galaxia; como la historia misma de un planeta pequeño, perdido en el otro cabo del Universo, estaba una imagen que los lobos habían llevado grabada en lo más profundo de su mente desde el principio de los tiempos: la imagen de un hombre, de un poderoso cazador, de un hombre tocado con una piel de bisonte, de un chamán antiguo, adornado con una cornamenta de bisonte, de un hombre que llevaba un bastón en la mano, un hueso delicadamente esculpido, de un hombre que estaba tendiendo amorosamente la mano izquierda, con un rojo trozo de carne entre los dedos poderosos a un lobo».

Ahora escucha este último párrafo y compara el efecto de ambos en tus neuronas: 

«En el universo todo es vibración, nos recuerda Carme Jiménez Huerta. «Un campo vibratorio compuesto por un sistema de información interconectado cuando nos sintonizamos y nos alineamos con esa inteligencia sincronizada del universo, evocamos un recuerdo primigenio. Este recuerdo es el sonido de la creación, es la música de las esferas».

Y cita a Nikola Tesla: «Si quieres encontrar los secretos del Universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración», y a Albert Einstein: «Lo que hemos llamado materia es energía, cuya vibración ha sido tan baja como para ser perceptible a los sentidos. No existe materia».

Añade Carme: «Al pronunciar las palabras emitimos ondas de pensamiento inteligente estas ondas contienen instrucciones que interactúan tanto a nivel consciente como inconsciente, ponen en marcha procesos o generan respuestas». 

«¡La voz actúa como generador de órdenes bioquímicas! Cuando escuchamos abrimos el canal de la empatía y las neuronas espejos nos permiten entablar la verdadera comunicación, la que está más allá de las palabras, más allá de los giros del lenguaje y de las metáforas, más allá de los procesos cerebrales que se activan ante las contradicciones entre los distintos niveles del lenguaje».

Es ésta una de las hipótesis que se pueden establecer para explicar el fenómeno de comunicación que fue FRF, al hacer el análisis del impacto que sus programas causan a sus oyentes. Que la modulación de su voz tenga unas características concretas que, unidas a lo profundo del mensaje, provocara ese efecto. Un tema aún por averiguar que creemos está en la línea de los trabajos de Margarita Andreu y su equipo sobre Arqueo-acústica. (4)

La interpretación que de las pinturas rupestres hacía FRF, a las que consideraba eran un elemento complementario del uso de la sonoridad y de las características acústicas de las cuevas y refugios pétreos para la transmisión de la información y el conocimiento, es otra de las hipótesis, que recoge la novela Magdalenia, que coincide en cierto modo con la propuesta que hace Carme Jiménez Huerta: «También hemos de volver a conectar con esa parte creativa y simbólica del hemisferio cerebral, derecho para desarrollar y educar nuestras sensibilidad artística y musical. Hemos de aprender a mirar con los oídos y escuchar con los ojos. La visión real se produce a través de la escucha: el corazón entiende lo que ve a través del oído. Hemos de relativizar la lógica y volver a confiar en la intuición. La intuición del lenguaje del corazón se basa en sentimientos y sensaciones».

Además de que se pueda activar una técnica particular para emitir el mensaje en unas frecuencias y longitud de ondas capaces de activar esas neuronas espejo, está el contenido del mismo, en el que FRF era un maestro para trasladar hechos negativos con mensajes positivos. Sobre esta cuestión, en el libro Estamos hechos de lenguaje leemos: «Las emociones positivas incrementan la claridad mental, mejoran las tareas motoras, dan seguridad y paz interior, ayudan en la toma de decisiones, favorecen la creatividad y aumentan el discernimiento intuitivo. El corazón genera un campo electromagnético, que es 5000 veces más potente que el producido por el cerebro. Así que, cuando aprendemos a escuchar de verdad, podemos percibir el estado emocional de una persona antes de que empiece hablar. Incluso sin necesidad de hablar».

La comunicación entre los seres vivos es mucho más sofisticada que todo lo que podamos imaginar. «En palabras de la bioquímica, Mae–Wan–Ho», escribe Carme, «los organismos vivos, presentan coherencia cuántica, intercambian energía con rapidez y eficacia. Son capaces de cooperar y reaccionar a las señales externas con extrema sensibilidad. El intercambio eléctrico se produce a todos los niveles y es el responsable de la organización de todos los procesos biológicos, exquisitamente elaborados y sintonizados con los ritmos electromagnéticos naturales de la Tierra, con este mismo enfoque deberíamos incluir también la lingüística» (…) «Si todo es energía que está vibrando a diferentes frecuencias, nosotros, como organismos vivos, también estamos inmersos en ese campo y estamos interactuando con todo. Lo que decimos y lo que pensamos; nuestras creencias y también su manifestación, como son las actitudes, acontecimientos y acciones; la mente y las palabras, todo actúa sobre el cuerpo y sobre nuestro modo de funcionar en la vida». 

El estudio de su voz, emitida siempre sin leer, sin haber escrito y memorizado el guión previamente, puede que esconda y dónde se encuentre explicación a la capacidad de atracción que tuvo su obra audiovisual. 

En su libro, Carme Jiménez Huerta cita al neurólogo José María Rodríguez Delgado (Ronda, Málaga, 1915 – San Diego (California) EE.UU, 2011) y extrae de su obra, Control físico de la mente hacia una sociedad psicocivilizada, publicado en Nueva York en 1969 y en España en 1972, la frase de que «Mediante campos magnéticos y otras técnicas no invasivas se cambia la emotividad, la agresividad, las emociones, lo que se quiera. El cerebro lo dirige todo».

Cuando leí el nombre Rodríguez Delgado, recordé haber leído ese apellido en uno de los 10.000 documentos a los que accedí del archivo personal de FRF para escribir su biografía. Incluso creí saber en cual de ellos. Tardó en aparecer entre los papeles que guardo digitalizados. Y cuando lo localicé era, efectivamente, el de una de las personas que habían intervenido en el homenaje de la Peña Valentín al doctor Rodríguez de la Fuente en 1976.

El restaurante Valentín, en el centro de Madrid, cogió fama en los años cincuenta del siglo XX, en pleno régimen de la dictadura franquista. Tenía al frente de los fogones al presidente de la Asociación de Cocineros. El dueño del restaurante, viendo las largas sobremesas que hacían algunos clientes, escritores, periodistas y artistas para hablar de lo divino y lo humano, se le ocurrió imprimir un carné y regalárselo a destacados comensales que iban a su restaurante y prolongaban los cafés para presentar sus últimas obras, descubrir talentos o charlar. Acabó conociéndose como la “Peña literaria y teatral Valentín”. A la muerte del escritor taurino Cossío, en 1977, el médico Mariano Zúmel se puso al frente de la Peña, que dejó de existir al cerrar el restaurante hacia 1983. 

La Peña Valentín organizó en sus cuatro décadas de existencia actos en honor de casi medio millar de personalidades españolas y extranjeras. Rendían homenajes a quienes “destacaban brillantemente en su actividad profesional”, así dieron reconocimiento público a García Gómez (1958); Marcel Achard (1961); Alfonso Paso (1962); Mingote (1967); Pemán (1967); Luca de Tena (1972), etc. En junio de 1976, la Peña Valentín dedicó uno de sus almuerzo–homenaje a Félix Rodríguez de la Fuente. El Conde de Yebes, aureolado por el prólogo de Ortega y Gasset publicado en 1942 en su libro de montería, fue invitado a dar el discurso de apertura. El cazador, que contaba 79 años, proclamó orgulloso: «Creo ser de los amigos más antiguos de Rodríguez de la Fuente. Le conocí cuando casi no se hablaba de él, hace 18 años, en 1959, en la presentación de un libro sobre Doñana». Finalizó el Conde su discurso diciendo: «De todo corazón me uno a este más que justificado homenaje, que ya se hacía esperar».

Asistieron al acto la infanta Pilar, hermana del Rey Juan Carlos I; la duquesa de Alba; el duque de Calabria, que impuso a FRF la medalla de la cofradía valentiniana; el ministro de Gobernación, Manuel Fraga; el ministro de Agricultura, Virgilio Oñate; Alejandro Rodríguez de Valcárcel, presidente de las Cortes franquistas en los seis últimos años de la dictadura; el músico Regino Sainz de la Maza; José Luis Cebrián, director de «ABC»; Luis Ángel de la Viuda, director de TVE; el director y subdirector del ICONA; el marqués y actor Luis Escobar; la periodista y escritora Natalia Figueroa; el escultor Juan de Ávalos; los premios Cervantes de literatura, Ramón Solís y José García Nieto; y, como hemos dicho, el científico José María Rodríguez Delgado, entre otras muchas personalidades. El historiador Ricardo de la Cierva llegó tarde y se marchó al no encontrar sitio libre. 

El escritor y periodista José María Alfaro, presidente de la agencia EFE, intervino después del Conde de Yebes, y a continuación habló José María Rodríguez Delgado, uno de los investigadores de mayor proyección internacional en la segunda mitad del Siglo XX, elegido por los organizadores como uno de los cuatro intervinientes para hablar en aquel acto, repleto de brillantes o importantes primeras figuras de la vida intelectual, política y social española. 

Sus trabajos sobre el cerebro y sus invenciones tecnológicas destinadas a la estimulación eléctrica y control remoto del mismo se hicieron célebres hacia 1965. En 1971, regresó a España tras 25 años de investigador de la Universidad de Yale, donde fue uno de los más destacados especialistas en el cerebro humano. «Su trabajo en la Universidad de Yale, primero, y en España después, dio suficientes frutos como para ver su huella en las más modernas técnicas de intervención terapéutica e investigación neuropsicológica que están funcionando en la actualidad, como la construcción de instrumentos electrónicos para establecer una relación bidireccional entre el cerebro y un ordenador, ámbito en el que fue pionero. Sin embargo, hoy en día es difícil encontrar rastro de la influencia del Dr. Delgado en las referencias de los investigadores contemporáneos» escribió su colega Barry Blackwell tras el fallecimiento de José María Rodríguez Delgado en 2011. 

Delgado inició los estudios de Medicina en la Universidad Central de Madrid en 1933. Decidió seguir los pasos del padre de la neurociencia, Premio Nobel de Medicina en 1906, Santiago Ramón y Cajal (1852–1934). 

Al iniciarse en 1936 la Guerra Civil entre las dos Españas ––la del Antiguo Régimen y la que pretende librase de él, aunque al tener la misma mentalidad neolítica aniquiladora de lo libre al final ninguna de ellas solucione el problema– José María Rodríguez Delgado tenía 21 años. Fue reclutado como capitán médico del Ejército republicano, y su profesor y mentor, el catedrático de Fisiología, Juan Negrín, maestro de eminentes investigadores como Severo Ochoa (Nobel de Fisiología en 1959), José M. García Valdecasas o Francisco Grande Covián, se encargó de reorganizar el cuerpo de carabineros, y en septiembre de 1936 de ocupar la cartera de Ministro de Hacienda para en 1937 acceder al cargo de Presidente de Gobierno de la República en guerra. 

Tras la victoria de los sublevados, Delgado estuvo preso cinco meses en un campo de concentración, Le rehabilitaron y comenzó a investigar en neurofisiología. De esa época contaba que fue a la colonia española de Guinea Ecuatorial a comprar primates para la investigación, y trajo un gorila, pero fue incapaz de operar a su «nuevo amigo», y lo donó al zoológico. 

Tras publicar 14 artículos y recibir varios premios, en 1950, ganó una beca de la Universidad de Yale para investigar en el Departamento de Fisiología bajo la dirección de John Fulton, Premio Nobel en 1949 por su trabajo pionero en lobotomía prefrontal en chimpancés. Delgado era contrario a la mutilación por cirugía cerebral y propuso la estimulación eléctrica de áreas específicas del cerebro para tratar las alteraciones del mismo. Alcanzó fama mundial cuando con un mando a distancia y estimulación eléctrica controló la actividad motora de un toro bravo en la plaza de Córdoba, espectacular ensayo que recogió el periódico New York Times. Alrededor de 1960, el doctor Delgado empezó a estimular zonas del cerebro, descubriendo que influía en las emociones y las motivaciones humanas. Dirigió sus estudios al control de la mente. Durante la Guerra Fría, se cree que fue vinculado por la CIA al proyecto Pandora del programa MK–Ultra, que investigaba el desarrollo de un arma radiológica para controlar la mente y el comportamiento humano. 

Rodríguez Delgado continuó sus investigaciones en España en la década de 1970, logrando mejorar los resultados sin necesidad de introducir implantes, sino emitiendo ondas, y se especula que podría haber trabajado para la policía secreta española. Su libro Control físico de la mente: hacia una sociedad psicocivilizada provocó un gran revuelo. Su intención era fomentar el desarrollo de un humano menos cruel, más feliz, mejor persona, que la ciencia sustituyera a las religiones, que son las que nos han teledirigido durante milenios con las creencias. 

«Desafortunadamente, esa retórica e hipérbole chocó con un Zeitgeist científico, político y social que envolvió a Delgado en una controversia que puso fin a su carrera en Estados Unidos. Sin distinguir entre ciencia y filosofía, la investigación y las ideas de José fueron atacadas y denigradas. Durante el siguiente cuarto de siglo, José continuó publicando su investigación e ideas filosóficas, en más de 500 artículos y seis libros, el último, en 1989, Happiness, dedicado a la educación de los niños, pasó de las 14 ediciones. En los últimos años de su vida, José y su esposa regresaron a EE.UU. y vivieron en San Diego, donde murió. Tratado injustamente, la memoria de José Delgado merece reconocimiento», escribió en su obituario en 2012 su colega Barry Blackwell, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad norteamericana de Wisconsin. (5)

El doctor Robert Becker, fisiólogo nominado dos veces al Premio Nobel, escribió en el libro Cross Currents (1990): «Desde 1972, Delgado fue director del laboratorio neurofisiológico español, el Centro Ramon y Cajal. Su interés pasó de la estimulación eléctrica directa del cerebro a un área más amplia de los efectos biológicos de los campos electromagnéticos. Ha estudiado la influencia de las frecuencias específicas de los campos magnéticos en el comportamiento y las emociones de los monos, sin utilizar ningún electrodo o receptor de radio implantado. Si bien Delgado no publicó ninguno de estos trabajos en revistas científicas, su existencia se filtró». (6)

En 1970 el psiquiatra Vallejo–Nájera se hizo eco del «brillante experimento» taurino realizado por «el famoso fisiólogo español radicado en la Universidad de Yale». En 1971, Delgado fue seleccionado por el diario Pueblo como el personaje más popular en Ciencia e Investigación. La Fundación March le adjudicaba fondos para investigar al margen de las convocatorias. En 1976, el periodista del ABC, José Manuel de Pablos, le incluyó en el artículo La ciencia española hoy

En el homenaje que la Peña Valentín rindió a Rodríguez de la Fuente en 1976, lleno de celebridades, Delgado fue un de los solo cinco asistentes a los que se les pidió glosar la figura del homenajeado e hizo referencia a varias de las claves de la voz de FRF con estas palabras: 

«Es un descanso y un placer, escuchar la voz, inspirada y armoniosa, del doctor Félix Rodríguez de la Fuente, que nos habla de sus añorados amigos, los buitres y de los lobos misteriosos que lo aceptan como jefe, permitiéndole participar en sus ritos. En la ciudad, contaminada de humos y de hostilidades, es bueno recordar la palabra de Rodríguez de la Fuente, en la que hay águilas reales, rugidos de leones, y delfines que saltan en la espuma del mar». 

«Al escuchar la palabra de Rodríguez de la Fuente, la memoria ancestral de cientos de miles de años nos libra, bajo la delgada capa de unos pocos cientos de años civilizados». 

José María Rodríguez Delgado añadió algo más. Acabó su breve discurso con unas palabras inquietantes, además de premonitorias, porque FRF murió apenas cuatro años más tarde de que las pronunciara: «Hay una cosa que me preocupa en el momento actual, y es la persistencia, la inmortalidad de la obra de Rodríguez de la Fuente. (…) Yo quisiera que fuera algo así como el mito del Ave Fénix, que renazca, no de sus cenizas, sino de sus libros, el Ave Félix, que debe de renacer y dar continuidad a su obra para que sirva de ejemplo, de espíritu, de dirección hacia el futuro, a las generaciones de hoy y del mañana».

Dejaba claro el alto valor que daba a lo que hacía FRF y a cómo lo hacía. ¿Le llamaba la atención su capacidad para agitar y cambiar mentes, polarizando con tan solo su discurso oral a la población española, en una dirección que superara el neolítico, la domesticación y la esclavitud mental? ¿Era la capacidad de sincronizar su voz con nuestros cerebros, la modulación de la misma, lo que le parecía único y veía podía perderse con la muerte de FRF? ¿Intuía Delgado que FRF era capaz de alcanzar con su discurso lo que el buscaba conseguir con ondas de radiofrecuencia. (7)

José María Rodríguez Delgado fue acusado de querer controlar y programar las mentes de los humanos. Él contestaba que justo lo que quería hacer era lo contrario, desprogramarnos: de las religiones, de los políticos y de los sátrapas que llevan 3.000 años controlando nuestras mentes para que les seamos fieles, y nunca mejor dicho, al mensaje del pastor que vela por sus ovejas, padre todopoderoso, que todo lo ve y lo puede, como enviarnos a la cárcel o al infierno por no obedecer sus leyes o las de sus sacerdotes o jueces. Así lo dejó entrever en una entrevista que le hicieron a los 90 años, poco antes de su muerte. (8)

Félix Rodríguez de la Fuente, refiriéndose a cómo veía él que evolucionaría el ser humano en el futuro, hasta llegar a tener una conciencia planetaria, dijo: 

«No será un cerebro que piensa, como ahora, que impone su criterio a miles y a millones de cerebros, no será una élite de cerebros, que fabrican un programa y tratan de meter en ese programa a millones y a millones de otros cerebros, no».

«Una ruptura lenta, costosa y seguramente, como los partos, dolorosa. Una ruptura de compartimentos, de fronteras, de fronteras territoriales, sociales, políticas, sexuales. Y los hombres, como las células de un organismo o las termitas de un termitero, sin perder su libertad, no como aquellos hombres programados del mundo feliz de Huxley, o estos otros hombres que nos hablan que, colocándonos electrodos en los lóbulos cerebrales, nos pueden hacer bailar al son que nos toquen y que seguramente le convendrá a alguien, no, no». 

«Si los hombres desengañados de tantas cosas, capacitados para comunicarse todo su saber instantáneamente, llegan a una coordinación tan perfecta de comunicación, de cultura, de niveles de conocimiento, de programa de vida, y erradican primero las tensiones del hombre que vive todavía en pequeños termiteros incomunicados, en pequeños termiteros de irrenunciable agresividad de unos hacia otros, y con luchas intestinas dentro de esos propios termiteros, caminarán cada vez más deprisa hacia el único y hacia el último termitero, que sería el Planeta».

«Teilhard habló de la Noosfera, un término precioso. Algo como un planeta pensante, como un termitero en el que la suma de la interacción de todos los cerebros humanos que están cohesionados a través de una argamasa, que es la cultura, la buena cultura, han conducido al fin a esos planteamientos que están en el seno de todos los postulados filosóficos y religiosos: la hermandad, la igualdad, el amor mutuo, la falta de competitividad, la ruptura de fronteras». (9)

En estas palabras, que emitió en su programa de radio el 14 junio de 1979, siete meses antes de morir, hace mención a los primeros ensayos del doctor Delgado en la década de 1950, y en qué medida, como el mismo Delgado defendía ya desde su llegada a EE.UU., no será con electrodos sino la comunicación instantánea y universal transmitida con las ondas, en el caso de FRF de la voz o a saber si para entonces ya con ondas neuronales del cerebro y del corazón, las que logren un mundo feliz.

«El sonido es el origen del Universo. El sonido es el movimiento, la vibración inicial que ha desencadenado una compleja sinfonía de armónicos inteligentes. Cuando este sonido sigue un patrón rítmico y armónico, le llamamos música», escribe Carme J. Huertas en el libro Estamos hechos de lenguaje y añade: «Todo es energía y las frecuencias nos pueden sanar o enfermar si estamos expuestos a un mal uso (abuso) de las ondas electromagnéticas y ello es así porque el principio es el mismo: la vibración» (…) «Nuestro ADN suena en armonía con el patrón de la vida, nuestra conexión con la naturaleza se magnífica y nuestra alma se expande.

El canto humano es el instrumento que hace la música más sublime. Esta capacidad de emitir en determinadas frecuencias logra efectos similares en voces que, de forma natural y como reflejo del estado anímico y la armonía del que habla, así como por su dominio de cómo modular su voz, impacta en las neuronas de los que le escuchan. 

«El lenguaje, como proceso cognitivo, se refiere a la mente, a la capacidad de comunicar con el pensamiento, no con la voz. ¿Cómo se perdió esa capacidad? Cuando la frecuencia emisora y la receptora vieron alteradas su codificación, interpretación y conexión. 

En la novela Magdalenia, Nora, una de las protagonistas, inicia al niño Fel para dotarle de la capacidad de comunicarse entre ellos a distancia. No me pregunten por qué se me ocurrió semejante fantasía. No sé el motivo de que se me ocurriera algo tan poco creíble. Supongo que como una forma de que pudiera seguir contándole el Cuento de Lobos a distancia, cuando por cronología real de la vida del niño, fue trasladado del medio natural de su pueblo natal a un internado urbano.

FRF dijo que lo que le forzó a ejercitar la memoria y la narrativa, ya a los 11 años de edad, fue mezclar la conexión mental que tenía con sus niñeras y sus cuentos para acometer la experiencia de narrar él mismo los relatos a sus compañeros de dormitorio. Saltándose la norma de estar callados que imponían los curas después de apagarles las luces para dormir, narraba sus recuerdos a otros niños. Fue así como surgió y se entrenó el comunicador que luego conocimos e incidió en todos sus contemporáneos.

«¿Perdimos la capacidad de escuchar el lenguaje común? ¿Se alteró nuestra frecuencia perceptiva auditiva? ¿Se desconectaron nuestros hemisferios cerebrales para que el lenguaje perdiera su capacidad simbólica y se convirtiera en un mecanismo fonético, y por eso dejamos de entendernos?», se pregunta Carme J. Huertas.

Para ella, esa capacidad de comunicar ––algo que me recuerda a lo que algunos naturalistas sienten cuando observan los procesos naturales y conectan mentalmente con ellos, entrando en comunión con lo libre salvaje–– era común a todos los humanos recolectores–cazadores del Paleolítico, anteriores a la domesticación.

«La lengua perfecta era una vibración común, un lenguaje audible, perceptible y comprensible para todos los humanos, posiblemente complementario de las distintas lenguas que hablaban los linajes en los territorios». Carme remonta, pues, esas capacidades, a cuando «La humanidad vivía en estrecha conexión con la naturaleza. Convivía plenamente integrada y en interacción con la naturaleza animal, vegetal, mineral y cósmica. Actuando con conciencia de grupo. (…) Antes, todos podíamos percibir y comunicarnos sensorialmente. Esa habilidad se perdió. Estas mismas tradiciones que recogen con añoranza como vivía la humanidad en tiempos remotos, cuentan que todo cambió cuando vinieron los dioses y ofrecieron a los hombres la promesa de una vida distinta».

Aquí Carme dice que alguien vino que doblegó a los humanos libres, convirtiéndolos en súbditos, vástagos bastardos, que nacían para ser esclavos. No vamos a discutir si los sátrapas neolíticos que aniquilaron a los humanos libres venían de Asia o surgieron de entre nosotros, porque al fin y al cabo da lo mismo, ya que también en el Cercano Oriente lo que había antes de la domesticación eran paleolíticos, humanos magdalenienses, aniquilados por el sátrapa que rompió el tabú –ese que permitía no tener nada y ser feliz– para hacerse dueño de la carne –de la energía– y acumularla en cantidades ingentes para, con esa riqueza dominar con poder absoluto en esta Tierra y construir pirámides, religiones y otros montajes para perseguir el sueño de ser inmortal y poder llevarse sus bienes materiales a ese más allá que necesitaba para seguir siendo y no perder sus tesoros.

«Hace mucho fuimos poderosos»

«Tiempo atrás, los humanos tuvimos el poder taumaturgo del verbo creador. Éramos dioses. Creadores. Éramos magos. Sabíamos mover la energía. Afirmar que el verbo es creador es reconocer la fuerza y el poder de la palabra. Las palabras actúan tanto sobre el phisis (la naturaleza, lo divino), como sobre el nómos (lo humano), es decir, tanto sobre la ley natural como sobre la convención creada por los humanos» escribe Carme J. Huertas.

No hubiera yo esperado encontrar una cita en un ensayo que pudiera apoyar de forma más rotunda el poder que detecté en la capacidad oratoria de FRF, y que en la novela Magdalenia remite su origen a los magdalenienses del Paleolítico, aquellos habitantes de la Península Ibérica y el sur de Francia que pintaron Altamira y demás cuevas con arte rupestre del antaño llamado refugio franco–cantábrico (ahora sabemos que toda España lo era) de la vida, en los picos de máximo frío de la era glaciar, que fue esta esquina de Europa. 

Un mundo universal, que abarcaba todo el Planeta, y que permaneció casi inalterado durante más de 40.000 años, y digo casi, porque está ahí el enigma de qué pasó con nuestros primos neandertales hace 28.000 años para que desaparecieran, siendo la teoría más lógica que eran tan pocos que nos fundimos con ellos en una sola especie Homo, quedando diluidos en el ADN mezclado.

Carme J. Huertas discrepa de que haya habido sucesivas oleadas de invasores asiáticos de cultura neolítica, que empezaron a expandirse por Europa hace 10.000 años que acabaron con la era magdaleniense. 

No cita los estudios de Iñigo Olalde, Carles Lalueza–Fox et all que fechan con precisión cuándo deja de haber en el ADN presencia de varones paleolíticos. (10)

Afortunadamente, los genes de nuestras madres paleolíticas nunca desaparecieron y, como bien recoge Carme, son predominantes en nuestro ADN actual, lo que indica que los guerreros de las culturas pastoriles que entraron en los territorios habitados por los españoles magdalenienses matando todo lo libre ––particularmente a sus dos máximos competidores, el lobo y su aliado el homo libre magdaleniense–– a las mujeres no las mataban, como hacían, sin ir más lejos, hasta hace menos de 50 años los pastores guerreros masáis, sino que las capturaban vivas para utilizarlas como nodrizas reproductoras de esclavos. Harían lo mismo que habían hecho al domesticar el uro, a las ovejas, a las cabras y a los caballos, que es des–estructurar las manadas naturales que forman los herbívoros salvajes, formando harenes artificiales de muchas hembras reproductoras con un solo semental, lo que permite al ganadero maximizar la producción de nuevos retoños para acumular carne, y también disponer de un gran ejército de pastorcillos esclavos que las cuiden, las defiendan o hagan razias para saquear a otros sátrapas. 

Establecieron como mandato divino, instaurando por el primer sátrapa convertido en Dios, que se recoge en Génesis 1:28, donde Dios bendice a Adán y Eva, diciéndoles: «Sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla». Este mandato no solo implica la procreación física hasta lo indecible del propio sátrapa, su familia real y demás nobles, sino de los propios bastardo siervos, a los que se les ordena parir más esclavos sin cesar. 

La estafa piramidal que es la domesticación exige que cada hornada de esclavos sea más numerosa que la anterior, lo que ha conducido a la bomba demográfica que está en estos momentos estallándonos en las manos. Después de treinta siglos de ruptura del control de natalidad que imperaba en el Paleolítico, hay escasez de agua, energía y materias primas, por la demanda de un exceso de población que hace tiempo ha tocado techo. 

Un tema, el de controlar la natalidad, hoy tabú. Es curioso que en la década de 1970 reducir la población a la mitad ––cuando se había alcanzado la astronómica cifra de 3.000 millones de humanos habitando el planeta Tierra–– fue prioridad urgente de países como EE.UU, la China comunista de Mao, la arcaica India de Indira Gandhi, de Naciones Unidas, de todo manifiesto ecologista, de cualquier persona inteligente, y hoy, que podríamos estar ya en 10.000 millones de habitantes, muy por encima de la estadística oficial, ni se mencione al abordar cómo dar una solución a los problemas ambientales y el agotamiento de los recursos naturales. Por control de la población, muchos piensan que alguien quiera matar a media humanidad, obviando que basta con limitarse a tener un solo hijo. 

El problema está donde se sigue forzando a las mujeres, tratándolas como hembras a las que violar donde te las encuentres, o las compres a sus padres, en países aún de cultura neolítica pura, o incluso en Occidente, en colectivos religiosos donde la mujer se considera una máquina de engendrar «tantos hijos como dios mande».

Se nos olvida que todos tenemos fecha de caducidad, que no vemos, y que cambiaría todo si nos la estamparan en la frente al nacer. Dejaríamos de hacer tantas estupideces malgastando el escaso tiempo disponible para disfrutar la armonía de la vida natural no domada de este Planeta, allí donde el pensamiento neolítico aún no la haya logrado exterminar y destruir.

«El miedo crea las creencias», señala Carme J. Huertas. «Entonces nos agarramos a las creencias: así es como nos desconectamos de nuestra conciencia, dejando de confiar en lo que sentimos para pasar a aceptar lo que creemos. Cuando aceptas una jerarquía estás aceptando obedecer». 

En efecto, la doma de la domesticación consiste en proporcionar comida fácil, técnica de la zanahoria, al tiempo que infundir el miedo al castigo, táctica del palo, qué el sátrapa y sus religiones se han encargado de elevar al cubo, amenazando con la privación de la felicidad eterna ––que se promete en el más allá–– al que cumpla las normas, trabaje y sea obediente y al que no, arrojarte al fuego eterno.

La domesticación de los retoños bastardos, no reconocidos como hijos –– primogénito solo era el primero–– sino como esclavos, se hizo convirtiéndose el sátrapa, a su muerte, en un ser invisible todopoderoso y eterno, y su heredero en representante de Dios en la tierra, de modo que su poder mantuviera a raya a interminables tribus de esclavos, usando para ello a los sacerdotes y a los  escribas del patriarca, desarrollando un relato para mantener domados a los súbditos, basado en el miedo y en cortar de raíz la transmisión del conocimiento paleolítico que subvertía el orden neolítico. 

«¿Cómo desmontar este engaño?», pregunta Carme J. Huertas, refiriéndose a las técnicas del lenguaje para inocular el miedo. Nos da la respuesta: «Volviendo a conectarnos con la naturaleza para vivir una vida con conciencia. Volviendo a usar la percepción. Volviendo a utilizar todo el campo y no solo el cuerpo físico. Escuchando la sensaciones y no solo raciocinio. A partir de la reconexión con la Tierra, el ser, unas referencias de integridad, de ética, de coherencia, de unidad», considera Carme. Ese es también el mensaje de Rodríguez de la Fuente para desprogramar las mentes neolíticas y devolverlas a lo que él llamaba la estirpe de los libres.

«Hay que sentir el entorno para alcanzar el sentido profundo y esencial de la vida. Cuando estás sintiendo, la mente deja de creer para formar parte del saber y del ser. La sabiduría está en esa percepción», continúa la autora de Estamos hechos de lenguaje.

«La conexión se hace en silencio», añade Carme J. Huertas, «porque solo en silencio podemos escuchar la información que nos llega a través de la percepción y la sensibilidad». 

Ese detalle, el silencio, explica por qué, después de que FRF abriera las mentes a toda una generación de niños hace 50 años, esos jóvenes transformados hoy en maestros y monitores de generaciones siguientes, en 40 años de educación ambiental no hayamos conseguido transformar la sociedad, y seamos incapaces de que se sienta la vibración que FRF nos transmitía. 

El método empleado no es el adecuado, con aulas de la naturaleza y salidas en grupo a observar la vida salvaje. No hay silencio. Todo un reto, el que hay por delante: montar redes de nómadas digitales que puedan vivir integrados en el medio natural de forma individual. Hoy, vivir en el campo de forma aislada está prohibido a los defensores de la naturaleza, mientras que curiosamente el tránsito por caminos de acceso restringido está permitido a ganaderos, cazadores y guardas, es decir a los destructores de la vida salvaje o a los que viven y cobran de los impuestos generales por vigilar que los que si tienen acceso al medio natural no lo destruyan todo.

«El ser que escucha no es manipulable. Aparentemente, a nivel tecnológico hemos avanzado, pero en realidad, a nivel de conciencia, hemos sufrido una involución, una evolución regresiva que nos ha hecho ir perdiendo la sensibilidad. Nuestra responsabilidad personal es salir de ahí, empezar a funcionar desde la conciencia y acercarnos al ser completo», señala Carme J. Huertas y, en efecto, la capacidad de leer en el paisaje, en las huellas y señales, el rastrear, se ha perdido cuando es la que permite una comunicación distinta a la del lenguaje hablado o escrito. 

«Dentro de las lenguas» ––dice–– «se mantienen las marcas de un metalenguaje que va más allá de las estructuras lingüísticas, relacionado con el significado, que interactúa con nuestras neuronas y redes neuronales, produciendo emociones, recuerdos y conceptos. Es el pensamiento abstracto que nos muestra que las palabras están cargadas de un significado que incluye una concepción filosófica y muy profunda de la vida, un significado que hemos olvidado, porque se ha desvinculado del conocimiento del Ser y del Saber» (…) «El lenguaje sintáctico es el software con el que nos programaron. Es el patrón que nos metieron en la mente cuando nos confundieron. Nos aleja del sentir y nos atrapa al pensar, nos restringe a una parcialidad. ¡Imperfecto ilimitado! Es el lenguaje compilado del ordenador, el software que da los comandos que ejecuta nuestro cerebro, crea las creencias y nos sumerge en el miedo».

Las investigaciones del científico ruso Petr Petrovich Gariaev del Institute of Quantum Genetics LLC, de Moscú, si se confirma lo que, como profanos, entendemos de ellas, podrían cambiar muchas cosas según lo que de este científico recoge el libro “Estamos hechos de lenguaje”:

«Nuestro ADN está diseñado y preparado para interactuar en red. Puede acceder a toda la información y establecer contacto con otros miembros que estén conectados a la red. No se trata de una Internet sino una Intranet, una comunicación por medio de frecuencias en ondas pulsantes, un campo en el que cada cosa se comunica con todas las demás. Esta comunicación empieza en el mundo invisible celular y abarca todo el entorno, desde nuestra percepción interior hasta la conciencia colectiva superior. Solo el 10 % de ADN se utiliza para construir proteínas. El resto se ha llamado despectivamente ADN basura. El trabajo sobre las funciones cognitivas del lenguaje demuestran que el ADN puede ser reprogramado mediante el lenguaje». (11)

«La estructura del ADN es lingüística y, en consecuencia, el tejido vivo reacciona al lenguaje modulado introducido en los rayos láser, siempre que el mensaje esté en la frecuencia adecuada. Gariaev ha demostrado que los cromosomas dañados se pueden reparar. Esta tecnología funciona de un modo parecido a las radiofrecuencias utilizadas en los años 60 del siglo XX por José Delgado (ondas de baja frecuencia, moduladas dentro de ondas microondas, transportadoras, solo que esta vez hemos dado un salto cuántico y no se utiliza para fines bélicos, sino que se aplicaron para la salud y el bien de la humanidad». (12)

La existencia de las neuronas espejo; las funciones de la parte del ADN hasta ahora considerado basura; los secretos de la mente y del lenguaje, hacen menos disparatada la idea, barajada en la novela Magdalenia, de que los humanos del Paleolítico Superior hubieran llegado por evolución a lo largo de decenas de miles de años de vida contemplativa, sin tener que trabajar ni estar esclavizados, a alcanzar una herramienta aceleradora de sus capacidades, una especie de algoritmo como el de la Inteligencia Artificial, IA, generado y alojado en el cerebro humano, lo que en la novela llamó la Inteligencia Natural del Universo, IU. Y si no algo tan incomprensible, sí al menos una capacidad de entenderse con el entorno y consigo mismos , hoy más que deseable.

«Cuando el lenguaje era transparente y los símbolos todavía eran comprendidos; cuando el lenguaje literal y el metafórico utilizaban idénticos mecanismos; cuando entre ambos hemisferios cerebrales no había disociación porque se complementaban de modo adecuado y armónico… En definitiva, cuando los humanos utilizábamos todo nuestro potencial, había un lenguaje común, había comunicación», dice Carme Jiménez Huertas.

Sus indagaciones en temas que podrían empezar a aclarar capacidades oratorias y mediáticas como las de FRF, y aplicarlas con la IA, nos lleva a plantear si el método que él usaba sería reproducible. Propusimos ––además de organizar un máster FRF; un Think–Tank FRF y una escuela FRF–– clonar la voz de FRF para que la IA aprenda a reproducirla, y no solo por permitir que «lea» con la voz de no leer lo que él dictó de su obra, y solo quedó el texto transcrito, sino que, al aprender, de posiblemente la única voz grabada sin leer con la extensión que FRF lo hizo, pueda entrenarse de una forma única, con esas más de 500 horas de audio que nos dejó. 

Gracias a ese legado, la IA captaría los matices y la fórmula de lo es un lenguaje oral en estado puro, con una riqueza de vocabulario sin igual.

«El análisis espectral de la voz nos permite identificar las notas que tenemos en exceso o en carencia y armonizarnos», explica Carme, comentado que ella analizó su voz en diferentes estados y logró un máximo balance de armonía tras una terapia equina, una convivencia con caballos, dato más que interesante. 

La comunión con la naturaleza, ese estado de gracia que diría un creyente, en el que hizo su obra FRF, esa emoción que le embargaba al contemplar –e incluso recordar– lo libre salvaje, es algo que, gracias al libro de Carme Jiménez Huertas, estamos algo más cerca de poder desentrañar.

FIN


Carme Jiménez Huerta

«Estamos hechos de lenguaje», 

Autoedición en Amazon KPD. Barcelona, 2019. 

Pulsa este enlace para adquirirlo: https://amzn.eu/d/dlaA25j. 


Benigno Varillas

«Magdalenia» 

Primer tomo, Autoedición. Madrid, 2025.

Pulsa: https://elcarabo.com/producto/magdalenia-i-los-ultimos-de-la-estirpe-de-los-libres/  


Citas bibliográficas de esta reseña de BV

1. Félix Rodríguez de la Fuente, 1979. “Relatos africanos XVI” La Aventura de la vida. RNE. Madrid.

2.  Benigno Varillas, 2025. «Magdalenia» Tomo I. Madrid, 2025.  https://elcarabo.com/producto/magdalenia-i-los-ultimos-de-la-estirpe-de-los-libres/  

3.  http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-aventura-de-la-vida/aventura-vida-caverna-del-pacto-ii/1870552/#

4.  Alvarez-Morales, L.; Díaz-Andreu, 2024. «M. Acoustics, Soundscapes and Sounds as Intangible Heritage». Acoustics 6, 408–412. https://doi.org/10.3390/acoustics6020022 

5.  Barry Blackwell, 2012. Departamento de Psiquiatría de la Universidad norteamericana de Wisconsin. doi:10.1038/npp.2012.160 

6.  Robert Becker, 1990. «Cross Currents» http://mindjustice.org/

 7. José María Rodríguez Delgado, 1976. Transcripción del homenaje en Peña Valentín, guardado en el archivo personal de Félix Rodríguez de la Fuente.

8.  Entrevista a José M. R. Delgado, 2003. https://www.youtube.com/watch?v=oXnY2L_th9E y https://youtu.be/oXnY2L_th9E?si=ZRjzaJOn-Qle7Wm4 

9.  14/06/1979. La aventura de la vida: Relatos africanos 34. Insectos: https://www.rtve.es/play/audios/la-aventura-de-la-vida/aventura-vida-insectos/2694993/

10.  IIñigo Olalde et all. 2019. «The genomic history of the Iberian Peninsula over the past 8000 years». Science, https://www.science.org/doi/10.1126/science.aav4040 

 11. Institute of Quantum Genetics LLC, de Moscú. https://wavegenetics.org/es/

12.  Gariaev, P.P. (2015) Another Understanding of the Model of Genetic Code Theoretical Analysis. Open Journal of Genetics, 5, 92-109. http://dx.doi.org/10.4236/ojgen.2015.52008


DEBATE en Good Reads

Esta reseña ha sido subida a la plataforma Good Reads, donde puedes dejar tus comentarios y entablar un debate, más que necesario, alrededor de este impresionante documento. Ver https://www.goodreads.com/review/show/8269291330

100 años Félix
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